Creo firmemente que vivir es un itinerario hacia uno mismo, hacia la persona que nacimos para ser. En este blog se habla sobre literatura y se recrean encuentros con personas que me ayudaron a ser el camino que soy y que viven otra existencia aparte aquí conmigo, como talismanes contra el desamparo. Algunas de ellas son conocidas; otras, apenas siluetas tras la cortina de humo del tiempo; las menos, figuras que pueblan la realidad de mi imaginación; todas fundamentales.

sábado, 21 de marzo de 2026


El libro más cubano de Fernández Pequeño


Amir Valle


Y la noche doblaba por tercera es una novela extraordinaria, contundente, estremecedora. No voy a hablar del nivel de lenguaje porque ya José M. Fernández Pequeño ha demostrado su capacidad de asumir todo tipo de discursos expresivos y lenguajes: culto y cargado de significados y filosofías cuando es necesario; popular y sencillo, pero enriquecido con esa sabiduría ancestral e histórica de la gente de a pie cuando esa norma del habla se impone, envueltas todas sus esencias comunicativas en una musicalidad natural y una poesía auténtica y sabia. Lo ha demostrado en sus cuentos y en su anterior y monumental novela "Tantas razones para odiar a Emilia". 

Prefiero hablar del creador de personajes inolvidables, como lo demuestra en esta novela donde crea a un ficticio narrador deportivo Mello Dominguez para homenajear al mítico narrador Felo Ramírez, una de las glorias de Cuba. Extraordinaria proeza narrativa es imbricar la realidad de Felo en la ficción de Mello, haciéndonos ver al verdadero Felo en ese Mello que va armando a lo largo de estas páginas como quien observa un álbum de fotos al tiempo que escucha las anécdotas que sobre esas fotos cuentan el protagonista y quienes con él coincidieron. Nadie dudará que existe un Mello Domínguez, como nadie duda que existió un Felo Ramírez.

Contundente novela porque toca una fibra muy sensible del alma cubana: ese deporte que tantas pasiones ha despertado, que tantas definiciones de “lo cubano” ha generado, que tantas marcas históricas ha dejado en el desarrollo de nuestra sociedad y nuestra cultura, desde que, allá por 1864, el béisbol (“el juego de pelota” para los cubanos) fuera introducido en Cuba por unos jóvenes cubanos que regresaban luego de estudiar en Estados Unidos, aunque algunos aseguren que el impacto real comenzó en 1878, cuando se efectuó el primer juego en el estadio Palmar de Junco, en Matanzas, momentos que tanto Felo como Mello estarían encantados de haber podido narrar. 

Y la huella profunda de ese impacto, que muchos ni siquiera pueden valorar en su justo peso, es una de las virtudes de Y la noche doblaba por tercera en la voz de Mello Domínguez, en la anécdota de su inserción temprana en el mundo de la narración deportiva, prolongada incluso hasta en ese deseo suyo de morir narrando; en esas debilidades humanas y pecados capitales que humanizan su grandeza; en las peripecias de esos personajes secundarios que terminan de configurar los misterios en torno a Mello desde sus vidas cotidianas e incluso desde el misticismo del cordón espiritual; en esas luchas personales, primero en un mundo donde el dinero regía el oficio y el mundo exterior, y después en una nueva era, supuestamente revolucionaria e inclusiva, en la cual encontró la marginación y le obligó a escapar. Una vida común y ordinaria que permite, a través de sus vivencias personales y sus contradicciones, entender la complejidad de las huellas que ha dejado ese deporte en el cuerpo vivo de la nación cubana. Toda una proeza literaria, hay que decirlo.

Estremecedora novela porque pone a sus personajes a moverse humanamente (y por ello, imperfecta y cuestionadoramente) en los tres grandes tópicos de la historia nacional, a fin de cuentas tres grandes traumas generados por la miseria humana (y ya se sabe que las grandes novelas se alimentan, diría el gran Hemingway, de la carroña humana): el daño histórico dejado por ese proceso social que se instauró en nuestra isla en 1959; el drama de millones de cubanos que tuvieron que reinventarse en una asfixiante y, mayormente, inhóspita diáspora; y el suicidio forzado (ideología mediante) de los sueños de quienes se quedaron o tuvieron que partir. Una novela que, como los grandes libros de la literatura universal, es un manantial de significados, de mensajes, de guiños de complicidad o crítica despiadada a las culpas que cargamos. El libro, sin dudas, más cubano de Fernández Pequeño.



martes, 17 de marzo de 2026

 


Un jonrón de Pequeño con las bases llenas


José Hugo Fernández


No diré que la he leído de un tirón. No leo así. Mucho menos cuando se trata de una novela tan jugosa como Y la noche doblaba por tercera, de José M. Fernández Pequeño, auténtica rara avis dentro del panorama de la narrativa cubana en nuestros días. El gozo mayor de la lectura -creo yo- radica en la lectura misma. Debe ser por eso que me resisto a sobrevolar todo lo emocionante y placentero que hay en una página bien escrita solo por el apuro de saber lo que ocurrirá más adelante. No propongo que todos lean igual. Habría que estar loco para prefijar normas en torno a una práctica tan personal e intransferible. Cada cual con su cuero hace tambores. Ni siquiera dudo que aún quede algún genio suelto por ahí que haya podido beberse las más de doscientas páginas de esta novela corriendo sin parar tras la anécdota, pero saboreando a la vez cada uno de sus deliciosos párrafos.

De hecho, resulta una perspectiva tentadora para el caso, ya que el argumento arrastra al lector, al tiempo que la sólida consistencia en la estructura, y la fluidez verbal, sugestiva, convocante (la gramática es la música del pensamiento, sostuvo Steiner), convidan al remanso y a la plena abstracción.

Como ya se ha comentado, esta novela recrea un largo período en la vida de Felo Ramírez, el mejor y más afamado cronista deportivo cubano, toda una institución en sí mismo, tanto en la Isla como en el exilio, hacia donde debió partir temprano, en 1961, con las primeras ráfagas del ciclón fidelista. Desde luego que escoger ese tema para una novela denota un gran tino por parte del autor. Fue su primer acierto. Al punto de que le hubiera alcanzado para redondear un buen libro. Pero parece que Pequeño no se conformó con batear un oportuno jit. Así que apostaría por el jonrón con las bases llenas.

Diferentes recursos de la narrativa de ficción se trenzan aquí con los del ensayo, la biografía, el esquicio histórico, la crónica deportiva y sociocultural, el anecdotario… logrando, juntos y revueltos, una suerte de síntesis de polifonía que le otorga rango de genuina novela cervantina, lo cual equivale a decir el mejor ejemplo de riqueza evolutiva que puede exhibir la novelística moderna.

Dueño del espacio y del tiempo narrativo, Pequeño mueve escenarios y personajes entre una época y otra, sin ocasionar el menor sobresalto. La trama, absorbente, meticulosa, resolutoria. Las reflexiones del protagonista y del autor, puntuales y chispeantes, aunque también portadoras, por momentos, de una recogida morriña. Felo reina con su gracejo en el espectro luminoso de esta obra. Lo asumimos muy vivo, porque resulta especialmente vívido todo cuanto narra o comenta. Pero no es el único personaje en cuyo diseño se lució el autor. Hay otros, no pocos, que transitan por estas páginas deslizando sus testimonios y pareceres, a modo de cordial guiño a la novela coral. Mediante sus palabras se percibe igualmente una afectiva rendición de cuentas a la niñez, la adolescencia, la amistad, la familia, y en especial a la ciudad de Bayamo, terruño del protagonista y del autor.
Siempre con las emociones del béisbol moldeando el ritmo, Y la noche doblaba por tercera prodiga una detallada y amena incursión en los predios de la pelota y un agudo análisis en torno a la industria que le sirve de sustento. Por sus pasajes discurren, además, figuras entrañables de nuestra cultura popular casi o completamente olvidadas hoy. Distantes luminarias a las que, gracias a la novela, volvemos a frecuentar como si fueran vecinos del barrio. Orestes Miñoso con su cautivadora sonrisa. El Niño Valdés, gran comelón de filetes, dejándose convencer por Felo para que publicite la malta Hatuey luego de uno de sus contundentes nocauts. Bola de Nieve con su voz de persona…
En fin, se trata de un libro de exquisita densidad, muy trabajado, desde el título hasta el epílogo. Al repasarlo sin atropellamientos ni saltos de páginas, he vuelto a experimentar ese cúmulo de sensaciones que propicia adentrarse en la lectura como lo que siempre fue, desde sus orígenes: singular generadora de placer, a más de un hondo y enriquecedor proceso intelectual. ¿Lo será todavía?

Miami, marzo de 2026


Para solicitar la novela, haga clic en el título: Y la noche doblaba por tercera