Creo firmemente que vivir es un itinerario hacia uno mismo, hacia la persona que nacimos para ser. En este blog se habla sobre literatura y se recrean encuentros con personas que me ayudaron a ser el camino que soy y que viven otra existencia aparte aquí conmigo, como talismanes contra el desamparo. Algunas de ellas son conocidas; otras, apenas siluetas tras la cortina de humo del tiempo; las menos, figuras que pueblan la realidad de mi imaginación; todas fundamentales.

martes, 17 de marzo de 2026

 


Un jonrón de Pequeño con las bases llenas


José Hugo Fernández


No diré que la he leído de un tirón. No leo así. Mucho menos cuando se trata de una novela tan jugosa como Y la noche doblaba por tercera, de José M. Fernández Pequeño, auténtica rara avis dentro del panorama de la narrativa cubana en nuestros días. El gozo mayor de la lectura -creo yo- radica en la lectura misma. Debe ser por eso que me resisto a sobrevolar todo lo emocionante y placentero que hay en una página bien escrita solo por el apuro de saber lo que ocurrirá más adelante. No propongo que todos lean igual. Habría que estar loco para prefijar normas en torno a una práctica tan personal e intransferible. Cada cual con su cuero hace tambores. Ni siquiera dudo que aún quede algún genio suelto por ahí que haya podido beberse las más de doscientas páginas de esta novela corriendo sin parar tras la anécdota, pero saboreando a la vez cada uno de sus deliciosos párrafos.

De hecho, resulta una perspectiva tentadora para el caso, ya que el argumento arrastra al lector, al tiempo que la sólida consistencia en la estructura, y la fluidez verbal, sugestiva, convocante (la gramática es la música del pensamiento, sostuvo Steiner), convidan al remanso y a la plena abstracción.

Como ya se ha comentado, esta novela recrea un largo período en la vida de Felo Ramírez, el mejor y más afamado cronista deportivo cubano, toda una institución en sí mismo, tanto en la Isla como en el exilio, hacia donde debió partir temprano, en 1961, con las primeras ráfagas del ciclón fidelista. Desde luego que escoger ese tema para una novela denota un gran tino por parte del autor. Fue su primer acierto. Al punto de que le hubiera alcanzado para redondear un buen libro. Pero parece que Pequeño no se conformó con batear un oportuno jit. Así que apostaría por el jonrón con las bases llenas.

Diferentes recursos de la narrativa de ficción se trenzan aquí con los del ensayo, la biografía, el esquicio histórico, la crónica deportiva y sociocultural, el anecdotario… logrando, juntos y revueltos, una suerte de síntesis de polifonía que le otorga rango de genuina novela cervantina, lo cual equivale a decir el mejor ejemplo de riqueza evolutiva que puede exhibir la novelística moderna.

Dueño del espacio y del tiempo narrativo, Pequeño mueve escenarios y personajes entre una época y otra, sin ocasionar el menor sobresalto. La trama, absorbente, meticulosa, resolutoria. Las reflexiones del protagonista y del autor, puntuales y chispeantes, aunque también portadoras, por momentos, de una recogida morriña. Felo reina con su gracejo en el espectro luminoso de esta obra. Lo asumimos muy vivo, porque resulta especialmente vívido todo cuanto narra o comenta. Pero no es el único personaje en cuyo diseño se lució el autor. Hay otros, no pocos, que transitan por estas páginas deslizando sus testimonios y pareceres, a modo de cordial guiño a la novela coral. Mediante sus palabras se percibe igualmente una afectiva rendición de cuentas a la niñez, la adolescencia, la amistad, la familia, y en especial a la ciudad de Bayamo, terruño del protagonista y del autor.
Siempre con las emociones del béisbol moldeando el ritmo, Y la noche doblaba por tercera prodiga una detallada y amena incursión en los predios de la pelota y un agudo análisis en torno a la industria que le sirve de sustento. Por sus pasajes discurren, además, figuras entrañables de nuestra cultura popular casi o completamente olvidadas hoy. Distantes luminarias a las que, gracias a la novela, volvemos a frecuentar como si fueran vecinos del barrio. Orestes Miñoso con su cautivadora sonrisa. El Niño Valdés, gran comelón de filetes, dejándose convencer por Felo para que publicite la malta Hatuey luego de uno de sus contundentes nocauts. Bola de Nieve con su voz de persona…
En fin, se trata de un libro de exquisita densidad, muy trabajado, desde el título hasta el epílogo. Al repasarlo sin atropellamientos ni saltos de páginas, he vuelto a experimentar ese cúmulo de sensaciones que propicia adentrarse en la lectura como lo que siempre fue, desde sus orígenes: singular generadora de placer, a más de un hondo y enriquecedor proceso intelectual. ¿Lo será todavía?

Miami, marzo de 2026


Para solicitar la novela, haga clic en el título: Y la noche doblaba por tercera

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